GOBIERNO Y POLÍTICA.
España es un Estado social y democrático de derecho que tiene como forma política la monarquía parlamentaria. La soberanía nacional reside en el pueblo español, del que emanan los poderes del Estado.
DIVISIÓN DE PODERES
El jefe de Estado es el rey de España. Arbitra y modera el funcionamiento regular de las instituciones y asume la más alta representación del Estado español en las relaciones internacionales, además de simbolizar la unidad y permanencia de la nación.
El poder ejecutivo es ejercido por el Gobierno de España. El
Consejo de Ministros es presidido por el presidente del Gobierno, que
designa a sus ministros y tiene las funciones propias de un jefe de
Gobierno en un sistema parlamentario. Es responsable ante las Cortes.
El Congreso de los Diputados vota la investidura del presidente del
Gobierno al comienzo de cada legislatura.El Congreso puede deponer al
presidente del Gobierno mediante una moción de censura constructiva
en la que se determina quién le sustituye en su puesto.
El poder legislativo es ejercido por las Cortes Generales,
una institución parlamentaria bicameral, órgano supremo de
representación del pueblo español. Las Cortes Generales se componen
de una cámara baja, el Congreso de los Diputados, y una cámara
alta, el Senado, que se define como cámara de representación
territorial. La legislación electoral española viene siendo
sustancialmente la misma desde 1977: el Congreso de los Diputados
cuenta con 350 miembros elegidos para legislaturas de cuatro años
por sufragio universal, en el que tienen derecho al voto lo españoles
mayores de 18 años El Senado cuenta actualmente con 259 escaños, de
los cuales 208 son elegidos directamente mediante voto popular en
elecciones simultáneas a las del Congreso. En cada una de las
circunscripciones provinciales se eligen cuatro senadores, siguiendo
un sistema electoral mayoritario de listas abiertas La consecuencia
habitual de la disparidad entre el número de senadores por provincia
y el número de votos de cada elector es que suelen quedar elegidos
los tres candidatos presentados en la lista más votada y uno de los
de la siguiente. Como excepción, en Baleares y Canarias la
circunscripción es la isla. Los otros 51 senadores son designados
por los parlamentos de las comunidades autónomas, en momentos
distintos a los de las elecciones generales, también por un periodo
de cuatro años.
El poder judicial está formado por el conjunto de juzgados y
tribunales, integrado por jueces y magistrados, que tienen la
potestad de administrar justicia en nombre del rey. Los jueces son
funcionarios de carrera cuya cúspide es la Audiencia Nacional y el
Tribunal Supremo, el órgano jurisdiccional superior en todos los
órdenes excepto en materia de garantías constitucionales,
gobernados por el Consejo General del Poder Judicial, que controla
sus nombramientos, ascensos, inspección y régimen disciplinario.
Los miembros de esa institución, así como los del Tribunal
Constitucional son elegidos por distintas instancias políticas; lo
que ha devenido en una vinculación implícita de cada uno ellos al
partido político que los designa, en contradicción con su teórica
independencia, circunstancia explícitamente puesta de manifiesto por
los medios de comunicación y el debate político e intelectual.
Hoy en día, España está considerada como uno de los países
europeos más descentralizados, ya que todos sus diferentes
territorios administran de forma local sus sistemas sanitarios y
educativos, así como algunos aspectos del presupuesto público;
algunos de ellos, como el País Vasco y Navarra, además administran
su financiación pública sin casi contar (a excepción del cupo) con
la supervisión del gobierno central español. En el caso de
Cataluña, Canarias, Navarra y el País Vasco, están equipados con
sus propios cuerpos policiales, totalmente operativos y completamente
autónomos que reemplazan las funciones de la Policía Nacional en
estos territorios, salvo en Navarra y Canarias, todavía en proceso
de traspaso.España es en la actualidad lo que se denomina un «Estado
de las autonomías» o «Estado autonómico», un país formalmente
unitario que funciona como una federación sui géneris
descentralizada de comunidades autónomas, cada una de ellas con
diferentes niveles de autogobierno. Las diferencias dentro de este
sistema se deben a que el proceso de traspaso de competencias del
centro a la periferia fue pensado en un principio como un proceso
asimétrico, que garantizase un mayor grado de autogobierno solo a
aquellas comunidades que buscaban un tipo de relación más
federalista con el resto de España (Andalucía, Cataluña,
Galicia,Navarra y País Vasco). Por otro lado, el resto de
comunidades autónomas dispondría de un menor autogobierno. A pesar
de ello, a medida que fueran pasando los años, otras comunidades
como Comunidad Valenciana o Canarias fueran adquiriendo gradualmente
más competencias.
España es una nación organizada territorialmente en
diecisiete comunidades autónomas y dos ciudades autónomas. El
Título VIII de la Constitución establece la organización
territorial del Estado en municipios,provincias y comunidades
autónomas, estas con competencias para gestionar sus propios
intereses con un amplio nivel de autonomía, poderes legislativos,
presupuestarios, administrativos y ejecutivos en las competencias
exclusivas que el Estado les garantiza a través de la Constitución
y de cada Estatuto de autonomía. Aunque Navarra no se constituyó
propiamente en comunidad autónoma, siendo de iure una comunidad
foral, y no habiendo desarrollado un Estatuto de Autonomía, sino
articulando un amejoramientode sus fueros tradicionales, es
considerada comunidad autónoma a todos los efectos, según la
interpretación del Tribunal Constitucional.
España tiene un clima muy diverso a lo largo de todo su
territorio. Predomina el carácter mediterráneo en casi toda su
geografía. Las costas del sur y mediterráneas tienen un clima
denominado mediterráneo de costa que también posee el Valle del
Guadalquivir: temperaturas suaves, precipitaciones abundantes casi
todo el año excepto en verano.
El clima de montaña se puede observar en altitudes altas,
Cordillera Cantábrica, Montes de León, Pirineos, altos puntos de la
Cordillera Ibérica, Sistema Central y Cordilleras Béticas, así
como en altitudes altas en Canarias, donde se dan temperaturas bajas
(inviernos fríos o muy fríos) y precipitaciones generalmente
abundantes.A medida que nos adentramos en el interior el clima es más
extremo, nos encontramos con el clima mediterráneo continental, que
abarca casi toda la Península, temperaturas bajas en invierno, altas
en verano y precipitaciones irregulares (dependiendo de la posición
geográfica). Por lo general, las comunidades occidentales reciben
más precipitaciones que las orientales. Así pues, Galicia y el
Cantábrico poseen un clima oceánico, caracterizado por la
abundancia de precipitaciones durante todo el año especialmente en
invierno, y unas temperaturas frescas.
Los climas áridos o semiáridos (menos de 300 mm anuales)
los encontramos en ciertos puntos peninsulares del este: Almería
(famoso eldesierto de Tabernas) o el Parque Natural del Cabo de
Gata-Níjar (donde se registran menos de 200 mm anuales), Granada
(Guadix), Murcia, Alicante y Valle del Ebro donde el efecto Foehn es
el principal causante de tan bajas precipitaciones.
El carácter subtropical es característico de las Islas
Canarias, con unas temperaturas cálidas durante todo el año y pocas
precipitaciones (más abundantes en las islas occidentales). Sin
embargo, este clima también se da en las costas sureñas de la
península (Málaga,Granada, Almería), donde tienen temperaturas
relativamente suaves durante todo el año, aunque las precipitaciones
son algo más abundantes que en Canarias.
RELIGIÓN
El catolicismo es la religión predominante en el país. La
Iglesia católica es la única mencionada expresamente en la
Constitución, en el mismo artículo 16.3: «[…] y mantendrán las
consiguientes relaciones de cooperación con la Iglesia Católica y
las demás confesiones». Según el barómetro de opinión del Centro
de Investigaciones Sociológicas (CIS) realizado en octubre de 2014,
el 67,8% de los españoles se consideran católicos, los ateos o no
creyentes suponen el 27,6% y los adscritos a otra religión el 2,3%.
No obstante, el porcentaje de practicantes es mucho menor. Según el
mismo estudio, los católicos o creyentes de otra religión que dicen
no ir a misa o a otros oficios religiosos casi nunca son el 61,1%, el
13,9% dice ir varias veces al año, mientras el 12,1% dice acudir a
oficios religiosos casi todos los domingos y días festivos, el 10%
lo hace alguna vez al mes, y un 1,9% dice acudir varias veces por
semana. Por otra parte, según un estudio del 19 de abril de 2005 del
New York Times, solo el 18% de los españoles acude a misa de forma
regular, y entre los menores de 30 años, ese porcentaje se reduce al
14%. El estudio del CIS demuestra también el constante proceso
desecularización de la sociedad española. Según el barómetro de
opinión realizado en octubre de 2014, solo el 46% de los jóvenes
que tienen entre 18 y 24 años dice ser católico, mientras que el
50% dice ser no creyente o ateo.
GASTRONOMÍA
La gastronomía de España es una variada forma de preparar
platos, que se ve enriquecida por las aportaciones de las diversas
regiones que componen el país. Cocina de origen que oscila entre el
estilo rural y el costero, representa una diversidad fruto de muchas
culturas, así como de paisajes y climas. La cocina española está
fuertemente influida a lo largo de su historia por los pueblos que
conquistan su territorio, así como de los pueblos que posteriormente
coloniza. Esta situación le ha proporcionado una gran variedad de
técnicas culinarias e ingredientes.
Fue durante muchos siglos desconocida en Europa, y es entre
finales del siglo XIX y comienzos del siglo XX cuando cobra una
identidad nacional, fundamentada en los diferentes platos y técnicas
culinarias propias. Todo este conocimiento culinario sale a la luz
gracias a la aparición a comienzos del siglo XX de escritores
especializados en gastronomía capaces de ensalzar y alabar sus
platos, de investigar en su historia y su origen. A este grupo de
escritores se le ha venido a denominar como la «generación
gastronómica del 27». A partir de este instante la cocina española
evolucionó hasta lo que en la actualidad conocemos como la nueva
cocina española.
El concepto tan variado de la cocina hace que algunos autores
la denominen en plural, como las «cocinas de España». En la cocina
española actual conviven dos realidades: la cocina clásica y
popular fundamentada en la tradición, y la cocina actual que emplea
las más novedosas e ingeniosas técnicas de cocina de autor, con
cocineros que han alcanzado fama internacional reconocida. A pesar de
ello la cocina clásica posee unas raíces religiosas muy profundas.
Algunas formas de comer típicas de las regiones españolas se han
internacionalizado, tal y como pueden ser las tapas. Entre los
ingredientes españoles caben destacar los quesos, que son de una
gran variedad, fruto de una actividad ganadera milenaria. También
destaca en la gastronomía española la gran variedad de vinos que
posee, habiendo alcanzado algunas de sus regiones vitivinícolas fama
y reconocimiento internacional. Si bien el vino es la bebida
nacional, en algunas regiones del norte son muy populares otras
bebidas, como en el caso de la sidra.
ESPAÑA Y LA UNIÓN EUROPEA
El camino de España hacia Europa comenzó a allanarse con la
llegada de la democracia. En 1977 se presentó la demanda de adhesión
y el 1 de enero de 1986 entró en vigor el Tratado de Adhesión.
Desde entonces, la transformación económica, social y política en
España ha sido enorme, entre otros factores por el buen uso de los
fondos regionales y de cohesión comunitarios que han acelerado su
desarrollo.
Las aspiraciones de España por lograr su incorporación a la
Comunidad Europea cobraron impulso con la llegada de la democracia y,
con tal propósito, el Gobierno español del presidente Adolfo Suárez
presentó -el 26 de julio de 1977- la demanda de adhesión a la CEE
(hoy Unión Europea), que se vio satisfecha ocho años después -el
12 de junio de 1985- con la firma del Tratado de Adhesión en Madrid
y la integración en la Comunidad Económica el 1 de enero de 1986.
Desde entonces, la senda de España ha venido jalonada de importantes
avances que han redundado en el bienestar de la sociedad española en
su conjunto.
Tres años y medio después de su adhesión -en junio de 1989- España incorporó su divisa nacional (peseta) al Mecanismo de Cambios del Sistema Monetario Europeo, instaurado por Francia, Italia, Dinamarca, Países Bajos y Luxemburgo desde 1979. Asimismo, España reforzó su apuesta integracionista suscribiendo en junio de 1991 el Acuerdo de Schengen que, ahondando en el concepto de una "Europa sin Fronteras", supuso la eliminación progresiva de los controles en las fronteras entre Estados miembros.
La firma del Tratado de Maastricht (1992) dotó a la Unión Europea de su denominación actual al igual que del diseño de la hoja de ruta hacia una moneda común. Ese mismo año, durante la Cumbre de Edimburgo, los Estados miembros instauraron el llamado Fondo de Cohesión para proyectos de medio ambiente, infraestructuras de transporte y energía en países con un nivel de renta por debajo del 90% de la media de la UE. Como consecuencia de ello, España obtuvo, junto al resto de los fondos estructurales recibidos, un inestimable apoyo para la revitalización y el desarrollo regional. En diciembre de 1995, coincidiendo con el final de la segunda Presidencia española de turno de la UE, se acordó en Madrid la denominación de "euro" para la moneda común europea, cuya aplicación efectiva se produjo exitosamente a partir de enero de 2002. Este hecho hizo a España participe, como miembro fundador, de la nueva divisa europea que ha supuesto la materialización efectiva de un proyecto unificador que aspira a la integración económica de todos los Estados miembros.
España ha desarrollado un papel activo en la construcción del proyecto europeo implicándose en la negociación de los tratados de Amsterdam (1997), Niza (2001), el fallido Tratado Constitucional (2004) y Lisboa (2009). Del mismo modo, ha venido contribuyendo al desarrollo de políticas con aportaciones sostenidas en ámbitos tan diversos como ciudadanía, política de cohesión, diversidad cultural y lingüística, cooperación judicial o lucha contra el terrorismo, así como llevando su impronta a las relaciones exteriores, especialmente en lo referente a la política orientada hacia Latinoamérica y la ribera sur del Mediterráneo.
España ha desempeñado la Presidencia de turno semestral del Consejo en cuatro ocasiones, dos de ellas (1989 y 1995) durante los Gobiernos de Felipe González; la tercera (2002), con José María Aznar, y la última (2010), con José Luís Rodríguez Zapatero. El compromiso de España con el proceso de construcción europea ha sido siempre muy intenso, al suponer Europa una referencia de libertades y prosperidad para España. Razón por la que, con independencia de nuestros distintos gobiernos, España siempre ha apoyado una mayor integración política y económica.
La implicación de nuestro país se ha evidenciado igualmente en la notable labor gestora de los numerosos españoles que han venido ocupando altos cargos en las instituciones europeas. El Parlamento Europeo ha sido presidido por españoles en tres ocasiones: Enrique Barón (1989-1992), José María Gil-Robles (1997-1999) y Josep Borrell (2004-2007). Por su parte, Javier Solana desempeñó durante una década, desde 1999, el cargo de alto representante de la Política Exterior y de Seguridad Común (PESC). Asimismo, la Comisión Europea, institución guardiana de los Tratados de la UE, ha contado con la presencia destacada de españoles en sus respectivas carteras de comisarios europeos: Marcelino Oreja, Pedro Solbes, Loyola de Palacio, Abel Matutes, Manuel Marín, Joaquín Almunia y, desde el 1 de noviembre de 2014, Miguel Arias Cañete.
La Unión Europea es el marco natural de desarrollo político y económico de nuestro país, y es por ello que en estos momentos España asume sus responsabilidades impulsando una Unión más eficaz, más democrática, más próxima a los ciudadanos, capaz de responder a los retos y necesidades del nuevo siglo.
Tres años y medio después de su adhesión -en junio de 1989- España incorporó su divisa nacional (peseta) al Mecanismo de Cambios del Sistema Monetario Europeo, instaurado por Francia, Italia, Dinamarca, Países Bajos y Luxemburgo desde 1979. Asimismo, España reforzó su apuesta integracionista suscribiendo en junio de 1991 el Acuerdo de Schengen que, ahondando en el concepto de una "Europa sin Fronteras", supuso la eliminación progresiva de los controles en las fronteras entre Estados miembros.
La firma del Tratado de Maastricht (1992) dotó a la Unión Europea de su denominación actual al igual que del diseño de la hoja de ruta hacia una moneda común. Ese mismo año, durante la Cumbre de Edimburgo, los Estados miembros instauraron el llamado Fondo de Cohesión para proyectos de medio ambiente, infraestructuras de transporte y energía en países con un nivel de renta por debajo del 90% de la media de la UE. Como consecuencia de ello, España obtuvo, junto al resto de los fondos estructurales recibidos, un inestimable apoyo para la revitalización y el desarrollo regional. En diciembre de 1995, coincidiendo con el final de la segunda Presidencia española de turno de la UE, se acordó en Madrid la denominación de "euro" para la moneda común europea, cuya aplicación efectiva se produjo exitosamente a partir de enero de 2002. Este hecho hizo a España participe, como miembro fundador, de la nueva divisa europea que ha supuesto la materialización efectiva de un proyecto unificador que aspira a la integración económica de todos los Estados miembros.
España ha desarrollado un papel activo en la construcción del proyecto europeo implicándose en la negociación de los tratados de Amsterdam (1997), Niza (2001), el fallido Tratado Constitucional (2004) y Lisboa (2009). Del mismo modo, ha venido contribuyendo al desarrollo de políticas con aportaciones sostenidas en ámbitos tan diversos como ciudadanía, política de cohesión, diversidad cultural y lingüística, cooperación judicial o lucha contra el terrorismo, así como llevando su impronta a las relaciones exteriores, especialmente en lo referente a la política orientada hacia Latinoamérica y la ribera sur del Mediterráneo.
España ha desempeñado la Presidencia de turno semestral del Consejo en cuatro ocasiones, dos de ellas (1989 y 1995) durante los Gobiernos de Felipe González; la tercera (2002), con José María Aznar, y la última (2010), con José Luís Rodríguez Zapatero. El compromiso de España con el proceso de construcción europea ha sido siempre muy intenso, al suponer Europa una referencia de libertades y prosperidad para España. Razón por la que, con independencia de nuestros distintos gobiernos, España siempre ha apoyado una mayor integración política y económica.
La implicación de nuestro país se ha evidenciado igualmente en la notable labor gestora de los numerosos españoles que han venido ocupando altos cargos en las instituciones europeas. El Parlamento Europeo ha sido presidido por españoles en tres ocasiones: Enrique Barón (1989-1992), José María Gil-Robles (1997-1999) y Josep Borrell (2004-2007). Por su parte, Javier Solana desempeñó durante una década, desde 1999, el cargo de alto representante de la Política Exterior y de Seguridad Común (PESC). Asimismo, la Comisión Europea, institución guardiana de los Tratados de la UE, ha contado con la presencia destacada de españoles en sus respectivas carteras de comisarios europeos: Marcelino Oreja, Pedro Solbes, Loyola de Palacio, Abel Matutes, Manuel Marín, Joaquín Almunia y, desde el 1 de noviembre de 2014, Miguel Arias Cañete.
La Unión Europea es el marco natural de desarrollo político y económico de nuestro país, y es por ello que en estos momentos España asume sus responsabilidades impulsando una Unión más eficaz, más democrática, más próxima a los ciudadanos, capaz de responder a los retos y necesidades del nuevo siglo.
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